MINDFULNESS

¿Qué es  Mindfulness?

Mindfulness, palabra anglosajona utilizada para referirse al término sati—procedente del idioma pali, originario de la India— es un estado en el que tomamos conciencia de los pensamientos, sensaciones y emociones que surgen en nosotros en cada momento, acogiéndolos con amabilidad sin juzgarlos, independientemente de que resulten agradables, desagradables o neutros. Traducida habitualmente como «atención plena» o «conciencia plena», esta forma de entrar en contacto con la realidad implica también «recordar», puesto que requiere de la intención de volver al presente cada vez que nos damos cuenta de que nuestra mente se ha quedado atrapada en pensamientos relacionados con el pasado o el futuro.

Al practicar mindfulness observamos qué sucede en el cuerpo, la mente y el entorno. Esto nos permite ser conscientes de cómo se manifiestan en nosotros los pensamientos, qué reacciones provocan y a qué comportamientos nos dirigen.

Es en la propia práctica donde nace el aprendizaje. Desde el contacto – amable y abierto – con las sensaciones corporales, pensamientos y emociones podemos darnos cuenta de cómo reaccionamos a lo que sucede, favoreciendo respuestas conscientes en lugar de reacciones  impulsivas. Así, los automatismos se van disolviendo en favor de hábitos más eficaces, encaminados a potenciar el bienestar, mostrando una mayor claridad y flexibilidad ante las situaciones a las que debemos hacer frente, lo que se traduce en conductas más equilibradas y una relación más positiva con la vida, con nosotros mismos y con los demás.

La forma en que llevamos a cabo esta observación es tan importante como la práctica en sí. Además de prestar atención, cultivamos una serie de actitudes como la curiosidad, la paciencia, el no forzar, la confianza, la aceptación, la disposición a soltar todo aquello que nos condiciona y el no juzgar, junto con cualidades como la amabilidad y la bondad.

¿Para qué se practica?

A lo largo de los últimos años, la práctica de mindfulness se ha ido extendiendo cada vez más, como respuesta a los altos niveles de estrés que padece la sociedad actual, directamente relacionados con un ritmo de vida acelerado —en el que predomina el «hacer» sobre el «ser»— y con la tendencia del ser humano a permanecer más tiempo estancado en rumiaciones acerca del pasado o preocupaciones acerca del futuro que en el presente. Si a todo ello añadimos todo ello a la sobrecarga tecnológica e informativa, la multitarea y la cultura de la inmediatez, las consecuencias abarcan toda una serie de alteraciones a nivel orgánico, mental, emocional y social que nos arrastran al desequilibrio y la enfermedad.

En vista de esto, no es de extrañar que cada vez sean más las personas que se suman a la intención de incorporar la atención plena a la vida —integrándolo en sus rutinas y actividades en el día a día— y que el entrenamiento en mindfulness se haya introducido en diferentes entornos, como el clínico, el educativo, el profesional, el deportivo y el de desarrollo personal.

En el ámbito clínico, mindfulness se entrena como una habilidad psicológica encaminada a sustituir a la rumiación, la sintomatología ansiosa, la preocupación y el malestar por mecanismos de regulación emocional. Actualmente diferentes programas basados en la atención plena se utilizan con objetivos preventivos y/o terapéuticos tanto en patologías orgánicas —dolor crónico, enfermedad inflamatoria intestinal, fibromialgia, etc.— como psiquiátricas —depresión, ansiedad, trastornos de la alimentación y de personalidad, fobias, etc.—.

A nivel educativo, se ha demostrado que la práctica de mindfulness trae consigo mejoras en la atención, la concentración, la memoria de trabajo y el rendimiento académico, así como un aumento de la autorregulación emocional y las conductas prosociales, lo que se traduce en un clima más positivo en el aula.

Mindfulness también aporta beneficios al ámbito profesional, reduciendo y previniendo el estrés, el quemado profesional y el acoso psicológico, aumentando la satisfacción laboral y mejorando el ambiente de trabajo.

Al incrementar la atención, concentración, regulación emocional y el bienestar, las prácticas de atención plena también mejoran el rendimiento deportivo y las relaciones interpersonales en los deportes de equipo. Así mismo, mindfulness resulta efectivo en los programas de entrenamiento a deportistas y de recuperación de lesiones.

Además de las incluidas en los contextos anteriores, son muchas las personas que se acercan al entrenamiento en mindfulness sin una intención terapéutica, educativa, profesional o deportiva, sino cultivar la atención plena como medio para transformarse y crecer a nivel personal.